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El Thanksgiving de Nellie Rivera
Nellie Rivera
Todo el que me conoce sabe que de cocina yo sé...prácticamente nada. Así que a través de los años he tratado de salir victoriosa en un día tan especial como el de Acción de gracias, donde se supone que toda buena ama de casa “se bote”.
Mi querido esposito es loco con comer pavo. Los sábados ya es costumbre que vaya a un conocido negocio y se coma varias alas de pavo gigantescas. El día que no las hacen parece como si el mundo se le cayera.
Cuando vamos a los parques de Disney, es imposible que éste ignore los muslos de pavo ahumado. La primera vez que se compró uno me parecía estar viendo a Pedro Picapiedras comiéndose un brontosaurio.
Así que, con ese amor por el pavo, comprenderán que en el día de Acción de Gracias él quiere seguir los pasos de los peregrinos.
Pero hay un pequeño problema: no me hace gracia la carne de pavo. Para nada. Así que para mí, el Día de Acción de Gracias es uno donde trato de desviar la atención y busco todas las excusas posibles para que terminemos comiendo otra cosa. Y es que de solo pensar que después estaré comiendo pavo por ojos, boca y nariz durante más de una semana me pone los pelos de punta.
Recurrir a una panadería o “supercenter” donde pueda encargar una cena que lo único que tenga que hacer sea calentarla es mi sueño hecho realidad. Es así como he sobrevivido ya por 24 años junto a mi media naranja. Bendito, y él que es un santo, me sigue la corriente.
Y es que después de lo que me pasó en el 1999 se acabaron todas las posibilidades de que yo me meta a la cocina un Día de Acción de Gracias. Les cuento que luego de 10 años viviendo en mi casa, había utilizado la estufa solo para calentar y hacer platos bien sencillos. Pero, mi marido me convenció que horneáramos un pavo. Y allá fuimos lo compramos, lo adobamos y le pusimos hasta las patitas forraditas de papel de aluminio. Tremendo lujo nos estábamos dando. Abrimos el horno, le quitamos los forros plásticos (sí…..los forros plásticos que tenía desde el 1989 cuando compré la estufa) y lo pusimos a precalentar .
En el interín comenzamos a armar nuestro árbol de navidad y cuando ya habían pasado 15 minutos nos percatamos que estaba frío. ¿Saben qué? El horno jamás prendió, así que jamás supimos si se dañó por no usarlo o porque sencillamente nunca sirvió. Ahí empezó el corre y corre, y terminamos metiéndolo en el microondas. Primera y última vez. Jamás he vuelto a tratar de hacer un pavo.
Este año, mi esposo volvió con el coqueteo del dichoso pavo, pero a mí no me vuelven a coger. Si él quiere pavo que lo compre en pedacitos donde quiera. Ya yo tengo mi mente hecha. ¡Huelga a los pavos! Este año mi menú será arroz con gandules, pasteles y pernil. Y le daré gracias a Dios por mi familia que es tan comprensiva y por los que saben cocinar y me hacen la vida más fácil….
Total, lo importante es estar juntos …..
¡¡¡¡¡¡¡¡Happy Thanksgiving!!!!!!!!!
© 2012 Univision Communications Inc.
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